
En las olimpiadas,
Blake le ganó a Roger Federer. Uno, que iba por
Fernandito González, decía "menos mal, Federer podrá haber perdido el 1 del mundo, pero es
mostro". El asunto es que Blake estaba
on fire, y eso era motivo de preocupación para la opción del chileno.
Pero González ganó. Pasó a la final, ganó la plata, mejoró respecto de su anterior olimpiada. Y lo hizo en un partidazo. ¿
Qué dijo Blake? Que la
actitud antideportiva, que una pelota rozó en la raqueta. Si uno no fuera chileno, capaz que se lo tomaba en serio: cuántas veces hemos perdido. Cuántas de esas veces le echamos en cara al rival que se tiró al suelo, que sacó mal un lateral, que fue
pesado o sobrado, que nos pone en la peor hora, que no estamos acostumbrados a que nos llueva.
Verlo en el gringo fue, por lo mismo, especial. Tuvo tres puntos de partido y se los farreó. Perdió. Hizo autocrítica, pero igual habló por la herida. Incluso esta semana los periodistas en Flushing Meadows seguían con
la tontera.
En esos momentos uno dice "nunca más me quejo del gol que nos hicieron off-side, del penal que nos cobraron en contra. Uno se ve patético y llorón".
Dedicado a todos los llorones (cuando pierden, porque cuando ganan hasta postean).